miércoles, 9 de mayo de 2012

capítulo 7: ¿estas llorando?



Volví a la discoteca orgullosa de mi misma, orgullosa de haber resistido la tentación. Claro que quería besarle, pero era consciente que si lo hubiera echo me habría arrepentido quizás toda mi vida.

Cuando por fin encontré a mis amigas, me dispuse a despedirme de ellas. Después de hablar con Dani no me apetecía seguir viéndole bailar y ronearse con todo el mundo.

Cogí a Irene del brazo:
Yo: bonita, me voy a ir ya.
Irene: ¿ya? ¿Por qué? –intrigada.
Yo: mañana te cuento –sonriendo para tranquilizarla.
Irene: déjame que recoja mis cosas y nos vamos.
Yo: no hace falta –deteniéndola – me voy sola.
Irene: ¿seguro?
Yo: si –sonriendo.
Irene: no voy a poder convencerte ¿verdad? – Negué – dime algo cuando llegues.

Le di un abrazo y me despedí del resto. Mientras me dirigí a la salida, me choqué con una pareja que estaba justo en medio de la pista.

Sin prestar atención a quienes eran, me disculpé.
Yo: perdón.
*: Podrías mirar por donde vas –la chica no me contesto de la mejor manera posible así que alcé la mirada para verla. Fue entonces cuando vi que la otra parte de esa pareja era Dani. Al verle desistí la idea de contestar a esa chica y seguí mi camino.

Salí de la discoteca y nada más pisar la calle no pude evitar ponerme a llorar. Hacía cinco minutos en esta misma puerta Dani había sido capaz de decirme que lo que quería ella yo y acto seguido se estaba liando con otra en medio de la pista.

Me dolió más de lo que podía imaginarme pero verle en esa situación me iba ayudar a olvidarle.

Me dirigí a una calle más transitada para coger un taxi. Cuando había recorrido unos pocos metros escuché su voz llamándome.
Dani: Cris, Cris – repetía mi nombre con la intención que me girara pero no estaba dispuesta hacerlo.

Volvió a llamarme un par de veces, hasta que se dio por vencido. O al menos eso pensaba hasta que note que alguien me agarraba del brazo. Era él.
Dani: espera un momento –cogiendo aire.
Yo: ¿Qué? –sin dejar de caminar.
Dani: para –cogiéndome y dejándome delante suyo, me miró a los ojos y descubrió que estaban demasiado vidriosos -¿estas llorando?
Yo: ¿yo? –Intentando disimular - ¿Por qué tendría que llorar? ¿Por ti?
Dani: no lo se –desconcertado - ¿lloras por mi?
Yo: puedes estar seguro que si estoy llorando por ti esta será la última vez. Hoy entendí que no vale la pena.
Dani: ¿eso es un sí? –no contesté simplemente agaché la mirada – lo siento –esta vez el que agachó la mirada fue él.
Yo: no lo sientas –secándome las lágrimas –gracias a lo que he visto hoy voy a poder dejar de pensar en ti.
Dani: ¿y eso tendría que hacerme feliz? –me sorprendió su pregunta.
Yo: si quieres que yo lo sea supongo que si –volvió agachar la mirada y se hizo a un lado dejándome pasar. Yo lo observé por última vez y seguí mi camino de regreso a casa.

Cuando por fin encontré un taxi recibí un whatshap de Dani.
“no preguntes porque pero por primera vez me duele que alguien vaya a olvidarme”

Releí el mensaje más de 30 veces. Pensé más de mil repuestas pero ninguna mi convencía. En mi cabeza solo se repetía la misma pregunta ¿realmente es esto lo que quieres?

Es decir, contestar ese mensaje traería como consecuencia mil respuestas más. Entablar una conversación y volver a empezar un juego que estaba claro acabaría perdiendo.

La respuesta era no, no quería jugar con fuego y quemarme. No quería saber nada de él después de esa noche. Después de ver todo lo que era capaz aun sabiendo que yo estaba delante.

Dani había sido el primer hombre por el cual había llorado sin tener absolutamente nada. Sin haberle visto más de dos veces en mi vida. No estaba dispuesta a volver a llorar por él. No estaba dispuesta a intentar cambiarlo y al final no poder.

Por todo eso, por lo que pudo ser y no fue, por lo que nunca será, por lo que es mejor que se quedara en pasado, por lo que es mejor que sea un recuerdo, por lo que siempre será un sueño, decidí no contestarle.


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