Volví a la discoteca orgullosa de mi misma, orgullosa de
haber resistido la tentación. Claro que quería besarle, pero era consciente que
si lo hubiera echo me habría arrepentido quizás toda mi vida.
Cuando por fin encontré a mis amigas, me dispuse a
despedirme de ellas. Después de hablar con Dani no me apetecía seguir viéndole
bailar y ronearse con todo el mundo.
Cogí a Irene del brazo:
Yo: bonita, me voy a ir ya.
Irene: ¿ya? ¿Por qué? –intrigada.
Yo: mañana te cuento –sonriendo para tranquilizarla.
Irene: déjame que recoja mis cosas y nos vamos.
Yo: no hace falta –deteniéndola – me voy sola.
Irene: ¿seguro?
Yo: si –sonriendo.
Irene: no voy a poder convencerte ¿verdad? – Negué – dime
algo cuando llegues.
Le di un abrazo y me despedí del resto. Mientras me dirigí a
la salida, me choqué con una pareja que estaba justo en medio de la pista.
Sin prestar atención a quienes eran, me disculpé.
Yo: perdón.
*: Podrías mirar por donde vas –la chica no me contesto de
la mejor manera posible así que alcé la mirada para verla. Fue entonces cuando
vi que la otra parte de esa pareja era Dani. Al verle desistí la idea de
contestar a esa chica y seguí mi camino.
Salí de la discoteca y nada más pisar la calle no pude
evitar ponerme a llorar. Hacía cinco minutos en esta misma puerta Dani había
sido capaz de decirme que lo que quería ella yo y acto seguido se estaba liando
con otra en medio de la pista.
Me dolió más de lo que podía imaginarme pero verle en esa
situación me iba ayudar a olvidarle.
Me dirigí a una calle más transitada para coger un taxi.
Cuando había recorrido unos pocos metros escuché su voz llamándome.
Dani: Cris, Cris – repetía mi nombre con la intención que me
girara pero no estaba dispuesta hacerlo.
Volvió a llamarme un par de veces, hasta que se dio por
vencido. O al menos eso pensaba hasta que note que alguien me agarraba del
brazo. Era él.
Dani: espera un momento –cogiendo aire.
Yo: ¿Qué? –sin dejar de caminar.
Dani: para –cogiéndome y dejándome delante suyo, me miró a
los ojos y descubrió que estaban demasiado vidriosos -¿estas llorando?
Yo: ¿yo? –Intentando disimular - ¿Por qué tendría que
llorar? ¿Por ti?
Dani: no lo se –desconcertado - ¿lloras por mi?
Yo: puedes estar seguro que si estoy llorando por ti esta
será la última vez. Hoy entendí que no vale la pena.
Dani: ¿eso es un sí? –no contesté simplemente agaché la
mirada – lo siento –esta vez el que agachó la mirada fue él.
Yo: no lo sientas –secándome las lágrimas –gracias a lo que
he visto hoy voy a poder dejar de pensar en ti.
Dani: ¿y eso tendría que hacerme feliz? –me sorprendió su
pregunta.
Yo: si quieres que yo lo sea supongo que si –volvió agachar
la mirada y se hizo a un lado dejándome pasar. Yo lo observé por última vez y
seguí mi camino de regreso a casa.
Cuando por fin encontré un taxi recibí un whatshap de Dani.
“no preguntes porque pero por primera vez me duele que
alguien vaya a olvidarme”
Releí el mensaje más de 30 veces. Pensé más de mil repuestas
pero ninguna mi convencía. En mi cabeza solo se repetía la misma pregunta
¿realmente es esto lo que quieres?
Es decir, contestar ese mensaje traería como consecuencia
mil respuestas más. Entablar una conversación y volver a empezar un juego que
estaba claro acabaría perdiendo.
La respuesta era no, no quería jugar con fuego y quemarme.
No quería saber nada de él después de esa noche. Después de ver todo lo que era
capaz aun sabiendo que yo estaba delante.
Dani había sido el primer hombre por el cual había llorado
sin tener absolutamente nada. Sin haberle visto más de dos veces en mi vida. No
estaba dispuesta a volver a llorar por él. No estaba dispuesta a intentar
cambiarlo y al final no poder.
Por todo eso, por lo que pudo ser y no fue, por lo que nunca
será, por lo que es mejor que se quedara en pasado, por lo que es mejor que sea
un recuerdo, por lo que siempre será un sueño, decidí no contestarle.

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