Antes de empezar a contarte mi historia déjame que te haga
un par de preguntas: ¿Crees en el amor? Es más ¿Crees en el amor a primera
vista? ¿Crees que una mañana de un día cualquiera puede que cruces tu mirada
con un desconocido y esa mirada signifique para ti más que todas las historias
vividas hasta el momento? ¿Crees en la magia?
Desconozco tus respuestas, pero en el caso que tu respuesta
alguna de mis preguntas sea “no” estoy segura que al contarte mi historia
cambiaras de opinión…
2009
Me llamo Cristina, Cristina Pedroche, tengo 21 años y estoy
estudiando Admistración y dirección de empresas y turismo. Ahora mismo me
dirijo hacía casa de mi amiga Irene, ya que, estamos en época de exámenes y
vamos juntas a la universidad.
Al llegar Irene me esta esperando en su portal, nada más
verla intuyo que está casi tan nerviosa como yo. Estamos en noviembre y estamos
a punto de presentarnos al primer final del semestre.
Reconozco que yo lo tengo un poco más fácil que ella, debido
a que después de cumplir mi primer año en la universidad, empecé otra nueva
carrera y a partir de ahí voy haciendo asignaturas suelta. La verdad es que no
me corre mucha prisa acabar la carrera, prefiero ir despacio y así poder
compaginar mis estudios con el trabajo.
En el mundo laboral he conseguido hacer alguna que otra
campaña publicitaria, pero lo que de verdad me gustaría sería poder estar en televisión
¿os imagináis? Ver mi cara todas las tardes por la tele… eso es lo que
verdaderamente me haría feliz. Pero soy consciente de lo difícil que es llegar
a este mundo, por eso sigo con mis estudios.
Saludó a Irene, nos dedicamos una sonrisa cómplice y nos
dirigimos al metro. Cuando llega nuestro metro no hay mucha gente en el vagón
así que conseguimos coger asiento.
Fue entonces, mientras ojeaba mis apuntes cuando noté que
alguien me miraba. Alcé la vista y fue en ese preciso instante cuando nuestros
ojos se encontraron.
Justo enfrente mio, estaba él. Era un chico joven, no
exageradamente guapo pero con un encanto especial. Era moreno, llevaba el pelo
despeinado y una gran sonrisa dibuja su cara mientras sus ojos verdes se
iluminaban.
Olvide mis apuntes y estuvimos todo el resto del trayecto observándonos,
no podía verla pero imagino la cara de idiota que tendría en ese momento.
Lo miraba, sonreía y agachaba la mirada avergonzada pero inmediatamente
le volvía a mirar, por más que intentaba no hacerlo era inevitable.
Él hacia exactamente lo mismo, a veces intentaba disimular
mirando hacia otro lado, pero sus ojos siempre volvían a encontrarse con los
míos.
Estaba tan inmersa en mi mundo que casi no escuché a Irene:
Irene: vamos Cris que ya hemos llegado –no le hacia caso así
que me dio un pequeño golpe –Cris.
En ese momento reaccioné, miré a mi amiga, sonreí y me dirigí
hacia las puertas del vagón.
Parecerá una locura pero en ese preciso momento mi único
deseo era permanecer en ese vagón, justo delante de él todo el día sin que hiciera falta que me dijera nada.
Cuando salí del vagón, me giré para verle por última vez. Él
estaba mirándome a través de la venta, me sonrió y me dijo adiós con la mano,
mientras me giñaba un ojo. Yo sonreí todavía más, si se podía, y cuando vi que
el metro se iba volví a girarme hacía mi amiga.
Irene: ¿Qué miras?
Yo: nada.
Mentí pero ella no se dio cuenta, estaba tan centrada en el
examen que no se daba cuenta de todo lo
que pasaba a su alrededor.
Fue ese día, un día cualquiera. Fue una mirada, una sonrisa
que cambió la historia.

oohh dioos!! Me encanta que ñoños :) sigue porfa esta geniial
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