Pasaban los días Chino estaba a punto de terminar las
promociones con su grupo en Madrid y tarde o temprano volvería a Baeza. Lugar
donde vivía con sus padres y el resto de la banda.
Todavía ninguno de los dos había hablado sobre el futuro,
nos limitábamos a disfrutar el momento pero sabíamos que se acerba el momento
de tomar decisiones.
Había estado pensando durante muchos días que haría, Chino
me llenaba, hacía que todos los días tuviera un motivo para sonreír y estar a
su lado me hacía feliz pero no sabía si estaba dispuesta a mantener un relación
a distancia.
Era viernes estaba en el apartamento de Chino mientras él
hacia las maletas. Esta noche iban a dar un pequeño concierto y el sábado partirían
hacia casa de nuevo.
Yo observaba como recogía todo con carita triste.
Chino: ¿Qué te pasa? –mirándome extrañado.
Yo: nada… -agachando la mirada.
Chino: ¿nada? –se acercó a mi y colocó sus manos en mi
cintura mientras mis manos rodearon su cuello.
Yo: no quiero que te vayas –haciendo pucheros.
Chino: ni yo quiero irme –me dio un beso en la nariz y me
abrazo – pero esto no termina porque me vaya ¿verdad? – se separo de mi para
mirarme fijamente.
Yo: -lo miré durante unos segundos y entonces lo supe –No
–contesté –no quiero que termine.
Chino: -sonriendo – menos mal, tenía miedo hacerte esa
pregunta.
Yo: será difícil no verte todos los días – agaché la mirada.
Chino: no me verás pero me escucharas –buscando mi mirada –
te prometo que intentaré venir todos los fines de semana a verte.
Sonreí y nos besamos. Íbamos a intentarlo, íbamos a intentar
vencer la distancia y permanecer juntos.
Estuvimos un rato más en su apartamento, nos arreglamos y
nos fuimos al lugar del concierto.
Nada más entrar al local noté como todo el mundo nos miraba,
Chino me cogía la mano para que no me pusiera nerviosa y notara que él estaba a
mi lado.
De todas las miradas clavadas en nosotros había un
diferente, una que me llamó la atención. Mis ojos empezaron a buscar al dueño
de esa mirada hasta que lo encontraron.
Era él, estaba apoyado en la barra mirándome fijamente. En
ese momento me congelé, era él, después de tanto tiempo era él.
¿Qué hacía aquí? ¿Por qué tenía que cruzármelo justo ahora?
¿Por qué después de desear tantas veces volvía a aparecer cuando ya no lo
deseaba? Y lo que es más importante ¿Por qué era incapaz de dejar de mirarle?
Chino: estas bien – volviendo a la realidad.
No me dio tiempo a contestar cuando vi que Dani estaba
delante de nosotros. Para mi sorpresa él y Chino se fundieron en un abrazó. No
sabía que se conocieran.
Chino: mira te presento –agarrándome de la cintura y
acercándome a Dani.
Yo: a Cristina –me dio dos besos forzados mientras yo permanecía
rígida, abrumada por la situación.
Chino: ¿os conocías? –ambos asentimos tímidamente – perfecto
así ya tengo a quien pedirle que me la cuide ahora que vuelvo a Baeza.
Dani y yo reímos avergonzados, como se notaba que Chino no
tenía ni idea de nuestra historia. Como se notaba que no sabía que ese chico
que tenía delante, al que acaba de abrazar, al que acababa de pedirle que me
cuidara era el culpable de que no lo pudiera amar.
Dani se apartó de nosotros y regreso con sus amigos, yo
permanecí con los chicos hasta que tuvieron que ir a preparase para el
concierto.
Mientras esperaba decidí salir a la terraza del local. Me
apoye en la barandilla e intente buscar un poco de sentido a todo lo vivido…
Desde esa terraza se veía gran parte de Madrid, hacía una
noche perfecta.
Llevaba menos de dos minutos en esa terraza cuando Dani
apareció a mis espaldas.
Dani: así que Chino –colocándose a mi lado, exactamente en
la misma posición. Ambos mirando al infinito.
Yo: si… -evitando mirarle.
Dani: ¿tu príncipe azul?
Yo: si…
Dani: ¿le quieres?
Yo: si…
Dani: ¿eres feliz?
Yo: si…
Dani: me alegro –termino de beberse su copa e hizo el
intento de irse. Supuse que ya había contestado a todas sus preguntas pero
faltaban las mías.
Yo: ¿y tú? –volvió a colocarse como antes.
Dani: si…
Yo: ¿estás con alguien? –seguimos sin mirarnos.
Dani: estoy con todas y a la vez con nadie…
Yo: me alegro.
Dani: parece que los dos hemos conseguido lo que andábamos
buscando… tú tienes a tu príncipe azul y yo tengo cada noche una distinta… sin
más preocupaciones.
Yo: eso parece… -empezaba hacer frio y me crucé de brazos.
Dani se dio cuenta, se quitó la americana y me arropó con ella.
Dani: recuerda que me han dicho que tengo que cuidarte –por
primera vez nuestras miradas se cruzaron, me coloqué bien la americana sobre
mis hombres y volví a mirar al infinito – es una noche perfecta para perderse
¿no crees?
Yo: ¿Cómo? –sorprendida por su pregunta.
Volvimos a mirarnos y volvió a sonreírme. No le dio tiempo a
contestar cuando anunciaron que el concierto estaba a punto de comenzar.
Me quite su americana y la deposite en sus manos sin decir
nada. Volví a entrar de nuevo al local y busqué
un sitio donde poder ver a los
chicos bien.
Vi como a los pocos segundos Dani se apoyaba en la puerta de
la terraza y me observaba. Yo intentaba disimular y mirar hacía otro lado…
Por suerte esa situación duro relativamente poco, los chicos
aparecieron en el concierto. Antes de empezar a tocar Chino decidió decir unas
palabras.
Chino: esta es nuestra última noche en Madrid… llevó
pensando muchos días todo lo que dejo aquí y como siempre de mis pensamientos ha
surgido una nueva canción… una canción que es solo para ti –no dijo mi
nombre pero durante todo el discurso me
busco entre la gente. Cuando por fin me encontró me sonrió y empezó a cantar mi
canción.
Ese momento debería de ser uno de los más felices de toda mi
vida. El chico perfecto estaba encima de un escenario demostrándome que estaba
loco por mí.
Debía ser el día más feliz de mi vida pero no lo era, mis
ojos no estaban pendientes de chino. Por más que intentaban evitarlo acaban
buscando otra mirada, la del chico apoyado en la entrada, cruzado de brazos
con
actitud chulesca. Siempre acaba encontrando su mirada, por más gente que
hubiera por medio.
Mientras escuchaba mi canción a lo lejos solo pensaba en sus
últimas palabras:
“es una noche perfecta para perderse”
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